Chechino 2.0 Reloaded

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Nalibia
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Nalibia » Lun, 18 May 2020, 19:39

Me ha encantado mi muerte, gracias Bendar.

Pues yo voy a hacer caso a Taju y votar a Asha :abr:
El hombrepalismo dominará el mundo!!

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Sansalayne
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Sansalayne » Lun, 18 May 2020, 20:24

Asha, parece que has sido un poco malosilla :jiji: :fl:
Más mala que Cersei con jaqueca.

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Lauerys
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Lauerys » Lun, 18 May 2020, 23:44

Bueno, está claro que Taju intentó tener una noche de lujuria y desenfreno con Asha y Sansalayne.

Aslan, yo también te quiero. Toma, unas flores :fl:
Volveremos a encontrarnos...quizás en las resplandecientes brumas de la Espada de Orión, quizás en una desierta meseta del Asia prehistórica...quizás en otra forma, en los eones por venir, cuando el sistema solar ya no exista.

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Madelaf
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Madelaf » Mar, 19 May 2020, 12:33

Las posibilidades de que Taju muriese por intentar parar al asesino me parecen más altas que las de que se usara la cuchilla contra una y que luego el copycat acertara a otra persona del trío :ns: Asha
Aslan Bolton escribió:
Lun, 18 May 2020, 18:13
alguien puede dar algún dato que libere a Lau?¿
Nop :ns:

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Ellaria
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Ellaria » Mar, 19 May 2020, 18:16

madelaf :ns:
El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás. No les importa que los grandes señores jueguen a su juego de tronos, mientras a ellos los dejen en paz. Pero nunca los dejan en paz.

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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Aslan Bolton » Mar, 19 May 2020, 19:12

Lau

PD: Ellaria cuanto te odio con ese voto.. :bt:

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Asha Grey
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Asha Grey » Mar, 19 May 2020, 20:31

Os estáis equivocando muy mucho conmigo, ya os lo dije :bt:

Y más cuando ahi está Lau .
¡Sembrað, sembrað, malditos!

Que todas las olas sean mi escudo, que todos los truenos sean mi espada.
Fere libenter homines id quod volunt credunt

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Lauerys
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Lauerys » Mié, 20 May 2020, 17:17

Esta vez Lau es inocente de (casi) todo mal :ang:
Volveremos a encontrarnos...quizás en las resplandecientes brumas de la Espada de Orión, quizás en una desierta meseta del Asia prehistórica...quizás en otra forma, en los eones por venir, cuando el sistema solar ya no exista.

Bendar
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Bendar » Mié, 20 May 2020, 22:34

HISTORIA FINAL: BAJO LA SOMBRA DE CHECHITHEP
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Asha no se había sorprendido por su linchamiento. Había dejado demasiadas pistas. Es lo que tiene ser primeriza, que no puedes estar en todo. La guía se adentró en la pirámide, siguiendo las pistas dejadas por Ellaria y Nalibia. Dando un rodeo para evitar el salón de la temible Nefer Nefer Nefer, llegó a una sala enorme, con una decoración que le pareció tan ostentosa como de mal gusto. Al fondo se sentaba en un trono de bronce una mujer de mediana edad, flanqueada por un guepardo a cada lado.

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—Bueno, bueno, bueno, ¿quién es esta intrusa que tenemos por aquí? – dijo la mujer con una voz grave y desagradable, que revelaba una prepotencia insufrible, acercándose a Asha con sus dos guepardos.

—Me llamo Asha AllawnFarih, soy guía de una expedición arqueológica que está investigando esta pirámide. ¿Y usted?

—Yo soy la inimitable Chechithep, la arquitecta más grande que ha conocido Egipto, y tal y tal –“Y uno de los egos más grandes también,” pensó Asha. —Bien, intrusa, pues tendrás que someterte al juicio de Osiris. Vamos a ver si eres trigo limpio o una facinerosa.

—Eh eh eh, para el carro, Chechithep. El juicio de Osiris es el de las almas de los difuntos. Y yo estoy vivita y coleando.

—No te preocupes, bonita, eso se arregla rápido. Imperiosos, haced los honores.

Con un gesto de sus manos, Chechithep lanzó a sus guepardos sobre Asha. Su muerte fue rápida. Se oyó en la sala un chasquido, como el que suena al pisar unas gafas, y se quebró el cuello de la Imitadora / Copycat / Fan Loca / Copiagata. Asha apenas sintió dolor, aunque experimentó un breve desvanecimiento.

Al despertar, la sala, que antes parecía vacía salvo por la malvada arquitecta, ella misma y los “Imperiosos,” estaba llena de gente. Habría unas 40 personas, calculó Asha. Ella misma estaba en el centro, acompañada por Anubis, el dios chacal, que la cogía del brazo. Como juez supremo se erigía un dios tocado con los atributos de un faraón, pero con la piel verde; y como escriba y notario un ser con cabeza de ibis, una tablilla en una mano y una pluma en la otra. Chechithep ocupaba un puesto entre el jurado. Alegró el corazón de Asha comprobar que Nalibia también se sentaba allí, acompañada por otros dos escribas. En cambio, no pudo distinguir a Ellaria.

—Damas y caballeros del jurado; estimado Thot, Secretario y Escriba de los dioses; Excelentísimo Juez Magnífico, Osiris; estamos aquí reunidos para juzgar el alma de Asha AllawnFarih, natural de Tell-el-Amarna, de 34 años de edad. Nacionalidad: egipcia. Estado civil: soltera. Profesión: guía arqueológica. Pese a ser la fallecida de religión musulmana, declaro competente a este tribunal en aplicación de la estrofa 12, párrafo 4 del Libro de los Muertos, que dispone que “serán juzgados por el tribunal de Osiris las personas de nacionalidad egipcia que fallezcan en el interior de pirámides, tumbas hipogeas, mastabas y otros enterramientos debidamente consagrados; independientemente de su religión o falta de ella, y con exclusión de cualquier derecho previo a paraíso, purgatorio, indulgencia plenaria, o prerrogativa de diferimiento hasta el Juicio Final.”

Dicho esto, Anubis insertó su brazo en el pecho de Asha y extrajo su corazón. Al estar muerta, lógicamente, no le dolió. El dios chacal puso el órgano sobre uno de los platillos de una gran balanza de bronce, y una inmensa pluma dorada sobre el otro platillo. Asha observó con inquietud que los pesos eran exactamente iguales.

—¡Que empiece el Juicio! —dijo Anubis —Asha, expónganos su vida, sin omitir ningún hecho relevante. Está obligada a decir verdad, por el poder de los dioses aquí presentes.

Asha empezó a contar la historia de su vida y enseguida se dio cuenta de que no podía mentir. Las palabras le salían prácticamente solas. Contempló con horror cómo, con cada pecado y mala acción, su corazón bajaba en la balanza; mientras que, con cada buena acción, subía.

Al final de su vida, Asha se vio obligada a confesar cómo había asesinado a sangre fría a Sansa y a Tajuru. Su corazón perdió muchos centímetros en la balanza, quedando ligeramente por debajo de la pluma. En ese momento, Anubis dijo: -Ha llegado el momento de los alegatos de los aquí presentes. Si alguno de ustedes la conocía, debe hablar ahora.

Nalibia dio un paso al frente. El corazón de Asha habría latido desbocado, si todavía lo hubiera tenido dentro de su cuerpo. ¿Por dónde le iba a salir la estudiante?

—Asha, sólo necesito que me digas una cosa. ¿Por qué me acusaste a mí falsamente en el penúltimo linchamiento?

—Porque quería librarme yo. La única forma de hacerlo era interponer otra muerta en mi lugar.

—Es decir, que condenaste a una inocente a sabiendas, causando mi muerte. Gracias, Asha. No tengo más que añadir.

El corazón de Asha bajó unos 5 centímetros más en la balanza. Quedaba claramente por debajo del peso de la pluma.

Osiris habló con una voz que hizo retumbar la estancia:

—Asha AllawnFarih, tus crímenes te han condenado. Tu corazón se encuentra exactamente 93 centésimas de codo por debajo de la pluma. Según la estrofa 87 del Libro de los Muertos, versículo 2, el castigo que te corresponde son 4.999 años y un día de esqueletud, a manos de la última persona que te viese con vida.

—¿”Esqueletud”? ¿En qué consiste ese castigo?

El Tribunal de los Muertos se disolvió tan rápido como se había formado. Nuevamente, sólo quedaron en la estancia Chechithep, Asha y los dos guepardos.

Chechithep le explicó a Asha:

—Es muy sencillo. Me tienes que servir como esclava, en forma de esqueleto, durante 4.999 años y un día. Si te portas bien, pasado ese plazo irás al Paraíso. Si te portas mal, Osiris disolverá tu alma definitivamente.

Asha se miró, horrorizada. Toda su carne yacía en el suelo, donde los guepardos se daban un festín. Sus órganos estaban envasados en vasos canopes, que Chechithep sujetaba con ambas manos. Sólo le quedaban los huesos.

En ese momento entraron en la sala los faraones Akenatón y Neferneferuaten (conocida como Nefertiti en vida de su esposo). Estaban un tanto desmejorados tras más de 3.200 años de momificación:

Imagen

Akenatón interpeló a Chechithep:

—¿Qué ha pasado aquí?

—Bueno, majestad, pues ha entrado una intrusa, la he matado y como era más mala que el veneno… bueno, mejor dicho, igual de mala que el veneno… el Tribunal de Osiris me la ha adjudicado en esqueletud.

—¡Te tenemos dicho que no queremos que se celebren juicios de muertos sin que estemos presentes! —dijo la Faraona.

—Lo siento, majestad. Tenía prisa, como saben tengo que reemplazar mis pérdidas. Ellaria mató a dos esqueletos, uno de ellos era encofrador. Y a dos momias y una de ellas era ebanista. Y claro, si no quieren que se retrasen las obras, pues necesito reponer mi mano de obra…

—¡Si es que lo tienes todo empantanado, Chechithep! —estalló Akenatón —¡Tienes tres túneles y una cámara nueva para los escribas, todas abiertas a la vez! ¡Así no hay manera de que termines nada!

—A ver, a ver… que sus Majestades me deben varios pagos atrasados ¿eh? Y con lo poco que ha llovido, es difícil hacer ladrillos. Ahora encima pierdo dos oficiales y dos peones, y claro… Milagritos a Atón, que yo hago lo que puedo.

Los faraones se retiraron, muy enfadados, discutiendo entre ellos:

—¿Fue idea tuya que esta tipeja nos construyera la pirámide, no?

—Ya, y fue idea tuya enterrarla con nosotros.

Chechithep rio entre dientes:

—¡Ay, que inocentes que son, de verdad! ¡Qué babosos! ¡Si ellos supieran! Cómo les sigo desviando materiales de construcción para mi propio túnel hasta el Mar Rojo… Tengo echado el ojo a un sitio estupendo, vamos a hacer un “resort” en la playa que lo vamos a pasar genial. Y encima yo no voy a poner un puto siclo, lo van a pagar todo estos primaveras. Al paso que vamos, en 300 años estamos allí. Vamos que nos vamos, Asha. ¡Que nos huele el culo a playa, y tal y tal! Bueno, hija, a ver qué puedo hacer contigo. Para empezar, me vas a cargar unos cuantos sacos de ladrillos…



Mientras tanto, en el campamento, una vez que Asha había sido desterrada a la pirámide, Aslan el Político sacó a colación otro problema importante:

—A ver, compañeras, ¿qué vamos a hacer con los cadáveres de Tajuru y Sansalayne? ¡No podemos enseñárselos así a la policía?

—Pues yo creo que sería lo justo —respondió Lau, la Doctora Residente.

—A ver si pensamos un poco —dijo Aslan. —Si la policía y los periodistas ven esto, será un escándalo. A ellas, poco les va a afectar, porque ya están muertas. Pero nosotros, ¿cómo quedamos, eh? Como participantes en una expedición que no ha descubierto una mierda y encima con dos personas muertas en una orgía de sangre y sexo. Olvidaos de encontrar ningún trabajo respetable en unos cuantos años.

—Visto así, Aslan… creo que tienes razón —dijo Madelaf la Criptógrafa. —Además, que de la culpable ya nos hemos ocupado. Venga, tengo una idea: metemos estos dos fiambres en el avión, le pegamos fuego y decimos que les ha estallado el motor cuando iban a emprender un vuelo de reconocimiento.

—¡Bien pensado, Madelaf! Voy a por la gasolina y los barrenos de dinamita que teníamos para volar paredes de la pirámide.

Los tres supervivientes se encaminaron hacia el avión, arrastrando los cadáveres de sus compañeras. Mientras Lau y Madelaf colocaban los cartuchos de dinamita por la izquierda, Aslan regaba generosamente de combustible todo el fuselaje del aparato por el lado derecho. Cuando Lau y Madelaf acabaron su parte, se apartaron del avión y gritaron:

—¡Aslan, ya hemos acabado! ¡Enciende la mecha!

—¿Qué mecha? —respondió Aslan, mientras prendía una cerilla y la acercaba a la gasolina.

¡¡¡KABOOOMM!!!

Una colosal explosión despanzurró el avión, creando una bola de fuego y lanzando al imprudente Aslan cinco o seis metros para atrás.
Lau y Madelaf se acercaron corriendo a su compañero. Gracias a los primeros auxilios de la Doctora Residente, lograron salvarle la vida “in extremis.” Los cuerpos de Tajuru y Sansalayne se volatilizaron con la explosión. Las fotos que las supervivientes enviaron a los periódicos junto a la noticia del “trágico accidente aéreo” fueron estas:

Sansa

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Tajuru

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Con el personal de la expedición tan mermado, Lau y Made decidieron poner punto final a su investigación de la pirámide de Chechithep y regresar a El Cairo.

Las arenas del desierto tardaron sólo unos meses en recubrir nuevamente la entrada a la tumba de los tres faraones.

Bendar
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Bendar » Mié, 20 May 2020, 22:35

EPITAFIOS
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Lau, tras unos años más compaginando sus trabajos en excavaciones y obras de construcción con los estudios, logró finalmente graduarse en Medicina y ejercer en el Hospital Público Elkhalifa de El Cairo.

Madelaf, por su parte, continuó su carrera como historiadora, pero historiadora de salón. No volvió a participar nunca jamás en ninguna excavación arqueológica. Durante la II Guerra Mundial fue reclutada nuevamente como criptógrafa, trabajando en el gran centro de contraespionaje de Bletchley Park. Allí tuvo una contribución destacada en romper el código secreto nazi de la máquina ENIGMA. Una foto de Made en 1943:

Imagen

Cuando falleció Madelaf, en 1969, sus actividades durante las dos Guerras Mundiales todavía eran Secreto de Estado, por lo que no pudo tener un homenaje público. La ciudad de Liverpool le dedicó una pequeña calle, que, como habría sido de su gusto, se llamó “Fedalam Street,” con una pequeña plaquita que rezaba: “Su mayor servicio debe permanecer oculto.”

Aslan inició una carrera política en el partido nacionalista Wafdiz. Al ser un tipo reflexivo, sin apetito por las riquezas y que siempre anteponía los intereses de sus conciudadanos a los suyos propios y los de su partido, no hace falta decir que no llegó muy lejos. Su máximo puesto fue Concejal de Festejos y Turismo en su ciudad natal. Sólo sus más allegados sabían por qué esbozaba una sonrisa nostálgica cuando le tocaba matar el primer cordero en la “Eid-el-Adha” o “Fiesta del Cordero”.

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