Chechino 2.0 Reloaded

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Asha Grey
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Asha Grey » Mar, 06 Jun 2017, 19:57

Tajuru :(
¡Sembrað, sembrað, malditos!

Que todas las olas sean mi escudo, que todos los truenos sean mi espada.
Fere libenter homines id quod volunt credunt

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tajuru
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por tajuru » Mar, 06 Jun 2017, 19:59

Asha Grey escribió:
Mar, 06 Jun 2017, 19:57
Tajuru :(
:cry:

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Lauerys
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Lauerys » Mar, 06 Jun 2017, 20:29

Jo :cry:
Volveremos a encontrarnos...quizás en las resplandecientes brumas de la Espada de Orión, quizás en una desierta meseta del Asia prehistórica...quizás en otra forma, en los eones por venir, cuando el sistema solar ya no exista.

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Oberyn Sabat
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Oberyn Sabat » Mié, 07 Jun 2017, 00:25

Estoy en crisis creativa :flag: Mañana tendréis historia :flag:

Os diría que la colgaré lo antes posible, lo cual es cierto, pero lo antes posible será como a las 9 de la noche :bl:
:flag: Normas de El Reto XXII: La tiranía del falo dorado :flag:

Fin plazo de votación: lunes 20 de noviembre a las 18:00 hora peninsular.

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Oberyn Sabat
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Oberyn Sabat » Mié, 07 Jun 2017, 22:30

Turno 5. La nueva ley de Bélenos
Antares se acercó al cadáver de Theon. Cuando el Taxidermista le devolvió la vida no era más que una marioneta a sus órdenes, pero gracias a la colaboración de Nod, Antares había recuperado la mayoría de sus habilidades. Ahora, alguien le había arrebatado la vida a su creador, el mismo alguien que llevaba noches segando vidas impunemente.

El Escultor abandonó la casa y se dirigió directamente a la casa de Nod. Aún era de noche, pero las primeras luces del alba despuntaban. El Espiritista no tardó en abrir la puerta.

—¡Antares! Pasa —dijo con espíritu renovado. Sin embargo, el semblante pronto se le ensombreció al ver cómo una lágrima surcaba el rostro de Antares.

—Es Theon… —murmuró el crío—. Le han asesinado.

Nod se echó la mano al pecho, desencajado. Trató de decir algo, pero las palabras murieron antes de salir. En medio de la crisis, algo se revolvió en su interior. Los espíritus que le acosaban solían ser beligerantes y caóticos, pero este era de alguna forma reconfortante. La posesión que experimentó fue un proceso muy diferente a lo que estaba acostumbrado. Este espíritu no aplacó a su verdadero yo, sino que se instaló en algún sitio de su conciencia que no amenazaba con la pérdida de control. Entonces, una voz sonó en su interior.

—Aún no hemos perdido —dijo la inconfundible voz de Theon. Nod se sobresaltó.

—¿Qué pasa? —preguntó Antares.

—Es Theon, me habla.

—Ayer mismo la Sacerdotisa, la Hilandera y la Vigía concluyeron que el Arpista era el responsable de las muertes, pero cuando llegaron a su casa encontraron que se había suicidado —dijo Theon de forma que solo Nod podía escucharle—. Si realmente Flowered era el responsable, es imposible que su gemelo no esté implicado de alguna forma. Esos dos siempre han estado muy unidos.

—¿Qué sugieres? —preguntó Nod en voz alta, dejando confundido a Antares.

—Sugiero que alguien tiene que acabar con esto —concluyó Theon—. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que nos maten. Tenemos que actuar.

Antares no pudo permanecer más tiempo en silencio.

—¿Qué pasa? —se interesó.

—Sveg —dijo Nod—. Dice que cree que Sveg está detrás de todo.
Las moiras, tras encontrar el cadáver de Flowered, habían recibido el aviso por parte de Madelaf de que Ellaria había sido asesinada por Tajuru. La Alguacil, por su parte, estaba devastada.

—Tenéis que creerme —murmuraba Tajuru frente a la Herbóloga, la Alcahueta y las tres moiras, todas ellas en la ermita—. Sé la idea que tenéis de mí, pero nunca le haría daño a Ellaria. Esa niña me obligó.

—Te creemos —dijo Cloto—. Sabemos de lo que es capaz Orunmila.

—Hemos de reunir a todos los supervivientes —dijo entonces Láquesis—. Mantenerlos juntos es la única forma de controlarlos y de que Orunmila no pueda atentar contra ellos.

Átropos asintió mostrando su acuerdo.

—Windy —dijo—, toca las campanas del pueblo para que todos vengan lo antes posible.

Tras tocar las campanas repetidamente, los pocos supervivientes que quedaban empezaron a llegar. Windy regresó a la estancia principal junto a Agus. Asha llegó solo un poco después, acercándose enseguida a Tajuru y mostrándola su apoyo. Sveg fue el último en llegar, demacrado y con la mirada perdida.

—¿Dónde están Theon y Nod? —preguntó Láquesis.

Windy y Agus intercambiaron miradas de complicidad.

—Quizá esos dos sean los responsables de todo esto —dijo Agus—. Jugar con almas no puede ser síntoma de nada bueno. De hecho… —algo cruzó la mente del Astrónomo, pero contuvo sus palabras.

—No me extrañaría nada —apostilló la Alcahueta.

—Asha —dijo Láquesis—, ¿te importaría ir a buscarlos?

—No hará falta —dijo la voz de Nod desde la entrada.

Tras él, Antares entró en la ermita y vio cómo todos se quedaban perplejos. El niño echó a correr hacia los aldeanos sin previo aviso, lo suficientemente rápido como para que no tuvieran tiempo de reaccionar. La primera que fue alcanzada por el poder del Escultor fue Asha, que como unos días antes, el día que Tajuru mató al niño, se empezó a convertir en piedra. En cuanto las moiras comprendieron lo que estaba pasando gritaron instrucciones, pero entonces Nod entró en acción. Sus ojos se nublaron y de sus extremidades empezaron a brotar sombras. Las sombras se retorcieron por el suelo y las paredes y comenzaron a adoptar formas antropomorfas que danzaban y se revolvían mientras dirigían sus pasos hacia las moiras y el resto. Sveg, con un leve gesto de manos, empezó a dibujar algo en el aire, pero un ligero toque de Antares en el brazo bastó para que el Pintor comenzase a convertirse en piedra. La misma suerte corrieron Madelaf y Windy. Agus, por su parte, levantó los brazos y empezó a murmurar algo, pero las sombras invocadas por Nod le derribaron y Antares aprovechó para petrificarlo. Ya solo quedaban Tajuru y las moiras.

—¡Parad esta locura! —ordenó Átropos—. ¿Qué creéis que estáis haciendo?

Nod levantó la mirada y la clavó directamente en la Moira. Por un momento, sus facciones parecieron cambiar y se asemejaron a las de Theon.

—Antares fue asesinado por la Alguacil y nadie tomó cartas en el asunto —dijo el Espiritista, aunque era el Taxidermista el que hablaba desde el interior—. La noche anterior fui yo quien caí presa de la maldición de este pueblo. No vamos a permitir que esto vuelva a ocurrir.

—Yo no soy responsable de tu muerte —dijo Tajuru mirando al niño escultor, que se dirigía hacia ella más reposadamente.

—Lo sabemos —dijo Antares—, y por eso no queremos hacerte daño.

Con una última zancada, Antares se abalanzó sobre Tajuru y esta quedó petrificada.

—No sabéis quién es el responsable —dijo Cloto—. Ninguno lo sabemos.

—Sabemos que Flowered es uno de los responsables. Es evidente que su hermano no es inocente.

Sin mediar más palabra ni dar tiempo a las moiras para poder reaccionar, las sombras que brotaban de las manos de Nod se dirigieron hacia a Sveg, haciendo que su pétrea figura se quebrase en mil pedazos.

En cuanto eso pasó, el resto de aldeanos recuperaron su estado normal y Antares se derrumbó.

Átropos miró los pedazos que habían compuesto el cuerpo de Sveg y luego miró a Nod.

—La maldición no ha remitido —dijo a media voz—. No era él.
Después de contemplar lo que había sucedido en la ermita nadie accedió a quedarse allí. La reaparición de Antares y la posterior muerte de Sveg habían socavado aún más la moral de los aldeanos que quedaban con vida.

—Asha —dijo Tajuru muy seria—, no hables con nadie a partir de ahora. Haz el equipaje nada más llegar a casa y reúnete conmigo en el ayuntamiento.

Asha frunció el ceño.

—¿El equipaje? —preguntó extrañada—. ¿Para qué?

—Nos vamos a ir de este pueblo maldito.

Asha titubeó.

—Pero no podemos hacer eso. No podemos salir del pueblo.

Tajuru se detuvo y la miró.

—¿Por qué no habríamos de poder salir del pueblo?

—Porque la maldición nos lo impide. No podremos salir de aquí hasta que no se solucionen las cosas.

—Se solucionarán, confía en mí —dijo Tajuru con convicción—. Haz el equipaje.

La Alguacil emprendió el camino a su casa dejando a la Comediante atrás, mirándola con desconcierto y preocupación. Tajuru siempre había sido una persona rigurosa. Ellaria había aplacado sus ansias de justicia, pero esa laxitud había acabado pasando factura a los aldeanos de Bélenos. Si las cosas se hubieran hecho como Tajuru sugería, la maldición habría llegado a su fin hacía ya mucho tiempo. Ahora que Ellaria no estaba allí para cuestionar sus métodos, actuaría por fin.

Sin embargo, cuando la Alguacil llegó a las puertas de su casa algo no le encajó. La puerta estaba a medio abrir, cuando ella jamás se la habría dejado abierta. Observó la cerradura y apreció que no había sido forzada. Aun así, entró con cuidado en su casa.

La ocupante ni siquiera había hecho intención de ocultar su rastro. Windy, la Alcahueta, se dio la vuelta y miró a la Alguacil con esa media sonrisa suya que Tajuru tanto odiaba.

—Sabía que no eras la chica inocente que aparentabas ser ante la Sacerdotisa.

La Alcahueta tenía entre sus manos un papel que Tajuru reconoció enseguida. Eran los planos de los túneles que discurrían bajo Bélenos. Los túneles en los que Tajuru se internaba cada noche.

—Sabía que todas esas historias de posesión eran una patraña —añadió Windy—. Mataste a Antares y a Ellaria porque disfrutas con ello, Alguacil. Lo tuyo no es ley, es locura.

—No sabes ni lo que dices, vieja —dijo Tajuru con la voz teñida de desprecio.

—Lo sé muy bien. Te crees que una vieja Alcahueta es el menor de tus problemas. Te crees que soy una inútil y que tan solo me dedico a cuchichear y a difundir habladurías. Has cometido el error de subestimarme, Alguacil. Tú, siempre tan segura de ti misma y tan recelosa de los demás. Y sé que estás pensando en cómo deshacerte de mí en estos momentos. Hazlo si quieres, pero el Astrónomo y la Sacerdotisa están al corriente de dónde estoy y de quién será la responsable si algo me pasa.

Tajuru escuchó los cascos de un caballo. Un caballo negro y dócil que se acercaba hacia ella. Entonces vio a la Curandera, su hermana, morir delante de sus ojos. Y también le vio a él, al Relojero, aquel Relojero que una vez hacía mucho tiempo había decidido que el tiempo de Tajuru debía terminar. ¿Pero aquel Relojero…?

La imagen de la Alcahueta fluctuó y la Alguacil vio al Relojero frente a ella por un instante. Después volvió a ser la Alcahueta. Tajuru sonrió.

—Tú —dijo, comprendiendo todo—. ¡Tú! —su rostro se desencajó—. ¿Cómo he podido olvidarte, queridísimo Relojero, queridísima Alcahueta?

El semblante de la Alcahueta, tan segura de sí misma hacía un momento, se retorció, pues las palabras de Tajuru también le hicieron recordar.

—Yo…

—Ni te molestes en hablar, vieja —le interrumpió Tajuru—. Te pasas la vida juzgando a los demás por crímenes mucho menos graves de los que cometiste tú. Para que te quede claro y aunque no te deba ninguna explicación, yo no maté ni a Antares ni a Ellaria. Esa niña lo hizo. No he matado a nadie y no soy la persona a la que buscáis, ¿pero sabes quién sí que soy?

La Alcahueta movió los labios, pero no salió ningún sonido.

—Soy quien acabará con la maldición de Bélenos, cueste lo que cueste. Y esto sí que corre de mi cuenta.

Tajuru desenfundó su pistola una vez más, pero en esta ocasión era perfectamente consciente de lo que estaba haciendo. Windy cayó a plomo sobre el suelo cuando recibió el disparo en el corazón.
La noche llegó a Bélenos, pero no las sombras. Agus, desde el observatorio de la ermita, contemplaba la luna llena que esa noche alumbraba las calles del pueblo. Cualquiera que saliese con aviesas intenciones sería más fácilmente descubierto. Agus no era el único que permanecería despierto esa noche.

Madelaf se vistió como cada noche y se dirigió hacia la puerta. Antes de salir, una voz la interrumpió.

—El Astrónomo ha llamado a la luna esta noche, tendrás que tener aún más cuidado —dijo la niña.

Madelaf se giró y la observó detenidamente.

—¿Por qué me elegiste a mí? —preguntó la Herbóloga.

—Porque eras la más capaz —contestó la niña.

—¿Por qué no hacerlo tú mismo otra vez?

La niña suspiró.

—Porque no soy más que un alma errante. Un eco del pasado que apenas puede sostener una daga entre sus manos.

—Pero mataste a Antares y a Ellaria.

—Lo hizo la débil de la Alguacil —rectificó la niña—. Yo tan solo jugué un poco con ella.

—¿Me estás manipulando a mí también? —preguntó la Herbóloga con un rastro de preocupación en sus palabras—. ¿Tiene algún sentido lo que estoy haciendo?

La niña rio.

—¿Sentido? Claro que no tiene ningún sentido. La maldición de Bélenos funciona de una forma caprichosa. Yo tampoco elegí la última vez ser Orunmila, pero fui designado para ello al igual que Ianuaria te ha designado a ti esta vez. Estamos muy lejos de comprender el juego de almas, Madelaf. Ni nosotros ni esas moiras que tanto creen saber.

Madelaf permaneció en silencio durante unos instantes, inmóvil.

—Madelaf —dijo la niña, aunque esta vez con una voz algo diferente, más grave y profunda—, no es tu labor cuestionarte los porqués. Este ha sido elegido como tu destino, y lo estás siguiendo de forma impecable. Ahora sal ahí y apaga esa luna de una vez por todas.

La Herbóloga miró por última vez a la niña, resignada. Entonces se puso la máscara que cubría su rostro y la capucha que le tapaba la cabeza y salió a las calles de Bélenos. El Astrónomo era su objetivo.

Según habían pasado los días las medidas de seguridad se habían ido extremando, pero para Madelaf siempre era fácil entrar a los sitios. Bastaba con conocer cómo combinar algunas plantas para que los obstáculos dejaran de serlo. El Astrónomo la oyó llegar, tal y como había hecho con Flowered unas noches atrás.

—Vaya —dijo el Astrónomo—, me preguntaba cuándo volverías a por mí. Has tardado más de lo que esperaba.

La figura, Madelaf, desenfundó la daga y se acercó ceremoniosamente a Agus.

—Esta vez te prometo que será el fin —dijo Madelaf con la máscara haciendo rebotar su voz.

—Sobreviví la primera vez, no deberías subestimarme —dijo el Astrónomo.

La figura echó mano de su bolsillo y sacó un frasco idéntico al que había salvado la vida al Astrónomo la primera noche.

—No te subestimo, Agus. Tan solo sé que esta vez no tienes lo que hace falta para sobrevivir.

Agus palideció. ¿Madelaf? Era posiblemente la única habitante de todo Bélenos de la que nadie había sospechado ni en un solo momento. Ahora encajaba todo. Esa poción dejada la primera noche en el escritorio del Astrónomo era tan solo una treta para parecer inocente ante el resto. Una treta que todos habían asumido sin vacilar.

—¿Por qué lo haces? —quiso saber el Astrónomo.

Madelaf dudó.

—No lo sé —respondió finalmente, y clavó la daga en el cuello de Agus, apagando su vida y con ella la luna que se reflejaba en sus pupilas.
Asha llegó a la casa de Tajuru y lo primero que se encontró fue un gran charco de sangre en el medio de la alfombra. La Comediante miró a la Alguacil perpleja, pero esta se encontraba inmersa en un frenesí caótico y ni siquiera reparó en la llegada de la joven.

—¿Qué ha pasado, Tajuru?

—No ha pasado nada. Nos vamos.

—Pero…

Tajuru interrumpió su labor y se dirigió directamente a la Comediante.

—Asha, no es momento para cuestionarme. Nos vamos de este pueblo ahora mismo.

—Ya te he dicho que…

—Que no podemos irnos mientras la maldición siga vigente, lo sé —le cortó Tajuru—, y por eso voy a acabar con la maldición.

La Alguacil cogió de la mano a Asha y sin dejar a esta responder la arrastró a la calle. La noche había empezado clara, pero la luna se había nublado y las calles volvían a ser un pozo de negrura.

Tajuru dirigió sus pasos directamente a la casa de Nod, la última que le quedaba por ser marcada y hacer arder el pueblo y a los asesinos que allí moraban.

Tajuru había requisado todo el material de la Artificiera para llevar a cabo su plan, y los túneles estaban llenos de explosivos que conectaban unas casas con otras. Por eso, cuando hizo detonar la casa de Nod bajo la perpleja mirada de Asha, el pueblo no tardó en saltar por los aires. Gritos ahogados y sombras salieron del cuerpo de Nod mientras sucumbía a las llamas. A continuación, se sucedieron una serie de explosiones. La primera en saltar por los aires fue la ermita, donde yacía el cadáver del Astrónomo. Madelaf, que acababa de marcharse de allí, huyó hacia su casa tras presenciar la explosión, pero esa decisión le costó la vida, puesto que su casa fue la siguiente en explotar. A ella le siguieron otras casas cuyos inquilinos ya habían muerto, pero el fuego generado con las detonaciones se empezó a extender rápidamente por todo Bélenos.

De alguna forma que no podían explicar, las moiras, cada una en un punto distinto del pueblo, sintieron cómo la maldición que pesaba sobre Bélenos se desvanecía con la muerte de Madelaf. Eso les permitió adoptar sus identidades sobrenaturales y buscar a la responsable del incendio por todo el pueblo.

Tajuru y Asha, esta última siendo prácticamente arrastrada por la Alguacil, estaban a punto de salir por la puerta principal de la muralla del pueblo cuando las moiras se materializaron frente a ellas.

—¡Dejadnos salir! —gritó la Alguacil desenfundando su arma.

—¿Eres siquiera consciente de lo que has hecho? —le preguntó Cloto, que había abandonado su apariencia de Hilandera y volvía a ser la anciana encargada de aguardar la llagada del amanecer en la torre central.

—Lo que no habéis sido capaces de hacer vosotras, moiras —dijo Tajuru—. Liberar a este pueblo de la maldición que lo atenazaba, liberar a todas estas almas corruptas y darles al fin descanso.

—¿Y qué te hace pensar que Asha y tú podéis trascender vuestra categoría de alma corrupta? —le preguntó Láquesis—. Nunca podréis salir de este pueblo. Con maldición o sin ella, estáis ligadas a él. Fuera no sois nada.

Tajuru se detuvo, dudando sobre las palabras de Láquesis.

—Es verdad que has roto la maldición de Bélenos —intervino Átropos—, pero lo único que has conseguido es instaurar una nueva. La maldición cayó sobre este pueblo por algo similar a lo que tú has hecho esta noche. Por la sed de sangre de un alma retorcida y por la muerte de multitud de personas inocentes. No eres mejor que la maldición que has intentado combatir.

Asha consiguió zafarse del agarre de la Alguacil en un momento de debilidad de esta. La Comediante parecía muy asustada.

—¿Y qué nos depara ahora el futuro? —preguntó.

—Me temo que volveremos a las tinieblas —dijo Cloto apesadumbrada—. Al menos hasta que alguien consiga encontrar de nuevo el camino hacia aquí.

Las palabras de Cloto parecieron recordar algo a las otras moiras.

—¿Qué ha pasado con Aurora Sabat? —preguntó Láquesis.

—Quizá haya caído presa de las llamas. Un alma más que se une a este juego demente.

Tajuru parecía abatida. Miraba a las moiras y a Asha alternativamente esperando a que algo demostrase que se equivocaban, pero ese algo no sucedió. Una sensación la invadió, tanto a ella como a Asha, y la penumbra que había empezado a inundar Bélenos con la muerte del Astrónomo se hizo cada vez más densa y descorazonadora.

Alguacil y Comediante dejaron de ser tales y se fundieron con el resto de almas atormentadas que, una vez más, aguardarían hasta un nuevo amanecer.

Las moiras, por su parte, se vieron a sí mismas sentadas de nuevo en lo alto de la torre central, una de ellas mirando por la ventana, otra velando por la única llama que daba algo de luz al pueblo y la última, diligente y resignada, tejiendo un tapiz que contaba cómo una Herbóloga había vuelto a sembrar el caos en Bélenos y cómo una Alguacil, tratando de combatirla, les había condenado a un destino peor.

Con la muerte de la línea Sabat era posible que Bélenos no despertase nunca más, pero las moiras solo podían mantener la esperanza.
Lista de jugadoresMostrar
1. Sansalayne, Artificiera - Pueblo
2. Nod, Espiritista - Pueblo
3. Antares, Escultor - Sonámbulo - Bestia
4. Madelaf, Herbóloga - Asesina
5. Floweredking, Arpista - Cómplice
6. Tajuru, Alguacil - Pirómana
7. Theon, Taxidermista - Pueblo
8. Serenere, Vidente - Pueblo
9. Sveg, Pintor - Pueblo
10. Lau, Jugadora - Pueblo
11. Agus, Astrónomo - Pueblo
12. Windo, Alcahueta - Pueblo
13.
14.
15. Pulgar, Pocero - Pueblo
16. Asha, Comediante - Pueblo
17. Ellaria, Alcaldesa - Pueblo
Y colorín colorado este cuento ha ardido :flag:

Y ahora paso a spoilers por si alguien quiere leerse la historia (jajejijoju) antes de leer mis impresiones.
SpoilerMostrar
Lo primero de todo enhorabuena a Tajuru porque ha tenido muy buen ojo marcando y además ha pasado muy desapercibida hasta el último turno. Es verdad que en el último era la linchada, pero la "suerte" le ha sonreído.

Felicidades también a Madelaf porque ha hecho un partidote enorme y porque me ha encantado leerte teorizar y planear. Le has puesto ganas y estoy seguro de que habrías ganado si no hubiera sido por las llamas, porque eras la menos sospechosa de todas. La estrategia del primer turno de regalar la poción al enterrado es top absoluto :rev:

El pueblo entre la mala suerte de perder al Sonámbulo una vez más en el primer turno y el mal ojo pues poco ha podido hacer. Y además ha sido muy curioso porque se han repetido muchas cosas que ya pasaron en la primera partida, como la muerte del sonámbulo o las ubicaciones de las casas de los chungos.
Ya está . En algún momento de la vida colgaré los turnos :sl:
:flag: Normas de El Reto XXII: La tiranía del falo dorado :flag:

Fin plazo de votación: lunes 20 de noviembre a las 18:00 hora peninsular.

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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Madelaf » Mié, 07 Jun 2017, 23:11

Que penaaaaaa

Me lo pase genial en esta partida :jiji: una pena que FloweredKing no pudiera votar, porque lo estabamos haciendo guay :mrgreen:

Enhorabuena Tajuru :bv: , pense q al final te teniamos :P

Obe :rev: :rev: :rev: la historia perfecta :bv:

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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por tajuru » Mié, 07 Jun 2017, 23:20

Jajajajajaja :lol: :lol: :lol:

Estuve muy tentada a hacer un morir matando y ya que era linchada que tu cayeses conmigo :oops: :oops: menos mal que no lo hice y mantuve el plan. :cb: :yh: :yh: :danc1: :danc1:

Qué maravillosos Antares y Theon :abr: :abr: :abr: :abr: :fl: :fl:

Ha sido una gran partida y la he disfrutado mucho, hemos purificado al pueblo de su anterior maldición, la nueva es solo un traspies, y la historia ha sido grande GRANDE, graciaaaaaaaaaaaas señor master :abr: :abr: :abr: :abr: :bir: :bir: :rev: :rev:

Pd: mira que Asha no confiar en mi.... :cry: :cry: qué nominación más dolorosa

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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Madelaf » Jue, 08 Jun 2017, 02:25

:lol: :lol: :lol:
¿Sospechabas que era la asesina o querias matarme por verde? :bb:
Tu eras nuestra máxima sospechosa para piromana, pero no quería acusarte para que no me pegaras el tiro :lol:

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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por Theon Lobster » Jue, 08 Jun 2017, 15:46

:bv: Enhorabuena Taju!!! Nos debes una.
Perdón al resto del pueblo. :srry:
Made y Flo :P
El bogavante, el bogavante te coge por detras y te coge por delante
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Re: Chechino 2.0 Reloaded

Mensaje por MrLann » Jue, 08 Jun 2017, 18:06

:ct:


Pobre Sveg, para una vez que era verde :cry:.


Aprovecho para felicitar a las azulonas :bv: :bv: y a mi ex-compi Asha, que veo que ha sobrevivido :abr:.
Capitán Suicida del Chechino Imagen
http://chechino.wikidot.com/
Mi caaaasaMostrar
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